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SÃO PAULO muro por GRAZIE

Recuerda quién eres

Sara Cázares

Customer Engagement Executive

A los 51 años Sara Cázares prefiere no definirse a sí misma de ninguna forma, pero si tuviera que hacerlo, se describiría como una mujer con una personalidad extravagante. Se reserva el derecho de estar cambiando constantemente y de hacer cualquier cosa que desee. Su cabello fue en algún momento rosa, pero ahora está platinado. El tatuaje en su piel, un Mickey Mouse en motocicleta, representa sus dos pasiones: Disneyland y la velocidad. El siguiente será Simba, el personaje principal de El Rey León, junto con el mensaje que él recibe del fantasma de su padre Mufasa: “Recuerda quién eres”.

Mantenerse fiel a quien es y, al mismo tiempo, exhibir su autenticidad en un rol que implica tratar con clientes es algo que ella admira de sí misma.

Puedo decir que en SAP estoy empoderada para ser auténtica y ese es un mensaje fuerte dentro del entorno corporativo. Desgraciadamente sé que, de hecho, en algunas empresas las personas no pueden ser ellas mismas.

A Sara le gusta cantar y bailar, pero admite no ser particularmente buena en ninguna de las dos. Ve deportes, le encantan los autos, se viste con calaveras, pero, ante todo, es directa y tiene la seguridad necesaria para ser honesta. No siente la necesidad de mesurarse, siempre y cuando se muestre respetuosa. Lo que le importa es ser fiel a sí misma en todo lo que hace.

Su personalidad expansiva también abarca su vida profesional. Empezó a trabajar a los quince debido a su sed por independencia. Al principio quería estudiar Ciencias de la Comunicación, pero la vida la llevó por un camino distinto: trabajó en Ventas, en Recursos Humanos y en implementación de Sistemas hasta que alcanzó el área de toma de decisiones empresariales donde actualmente trabaja. Durante ese trayecto se casó a los 23 y tuvo dos niños: una hija, Paulina, y un hijo, Miguel. Su vida profesional iba por la vía rápida, siempre fue así para Sara, con muchas cosas pasando al mismo tiempo. Se mudó de ciudad varias veces, viajaba mucho y se enfrentaba a muchos retos.

Después de pasar diecisiete años en Monterrey, a donde se había mudado por una oportunidad de trabajo, regresó a la Ciudad de México, su lugar de nacimiento. A este cambio de paisaje le siguió otro cambio importante, el fin de su matrimonio. Las discusiones se volvían más y más intensas. Tras años de intentar salvar la relación —se negaba a admitir que había terminado porque erróneamente lo consideraba como una derrota— decidió liberarse. Al pensar sobre la cultura dominada por hombres que ella experimentó y la cual esperaba de ella que aceptara y sirviera las necesidades de los hombres, Sara se dijo: “Me prometí a mí misma que nunca volvería a sufrir tanto por alguien”. A pesar de siempre haber sido independiente, el peso en sus hombros era demasiado para soportarlo.

Al pensar sobre la cultura dominada por hombres que ella experimentó y la cual esperaba de ella que aceptara y sirviera las necesidades de los hombres, Sara se dijo: “Me prometí a mí misma que nunca volvería a sufrir tanto por alguien”. A pesar de siempre haber sido independiente, el peso en sus hombros era demasiado para soportarlo.

Dejó la relación con las manos vacías y sólo con sus hijos bajo el brazo.

La lección más valiosa que aprendí fue: si hay algo que puedes cambiar, cámbialo. Si no puedes, cambia tú misma.

También comprendió que la fuerza que necesitaba le llegaría de su familia y amigos, así que decidió dedicarse a ellos, lo cual continúa haciendo. En la ciudad de México, se encontró de causalidad a una vieja flama —un exnovio que regresó a su vida y nunca se alejó de nuevo— y ahora han estado juntos por dos años. Basada en el doloroso aprendizaje de su relación pasada, hizo las cosas diferentes esta vez. Decidió que era mejor para ellos vivir en casas separadas y que ambos conservaran su individualidad.

Hasta el momento la vida ha estado llena de giros y vueltas, pero ahora Sara sólo busca tranquilidad. Cuando sea tiempo de despedirse del mercado laboral y sus hijos estén listos para estar solos, irá a un lugar de retiro. Se mudará cerca de la playa, enseñará educación religiosa y a leer, algo que será nuevo para ella. “Quiero ir a algún lugar tranquilo, pero no me quedaré en silencio. Ya me conozco”, ríe. Una frase popular del cantante mexicano Vicente Fernández le ha servido de inspiración para dirigir su vida:

Mientras usted no deje de aplaudir, yo no dejo de cantar.

“Mientras usted no deje de aplaudir, Chente no deja de cantar”.
Frase popular del cantautor mexicano Vicente Fernández

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