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SANTIAGO muro por SEBA CENER

La única constante es el cambio

Joan Gonzáles

Presales Director

Joan pasó la mayor parte de su vida profesional en SAP: en 1998 fue el quinto empleado en unirse a la empresa en Perú. Desde entonces hubo muchas transformaciones: en él, en la empresa, en el mercado laboral y en el mundo. Al principio había tan pocos empleados que cada uno de ellos tenía que hacer un poco de todo. Al pasar el tiempo, Joan tuvo la oportunidad de especializarse en un tema, pero ahora cree que el ciclo está a punto de completar una vuelta. Con esa creencia exalta la flexibilidad que conlleva realizar diferentes funciones.

De todo lo que ha aprendido, la frase “la única constante es cambio” se convitió en su mantra. Hay muchas cosas más allá de nuestro control: ser diagnosticado con cáncer fue una de esas cosas para él. Aceptar y asimilar la fragilidad de la vida lo ayudó a comprender lo que realmente importa. En SAP descubrió la importancia de dar un ejemplo y no sólo dar apoyo.

No sólo decimos que aceptamos la diversidad, sino que lo hacemos. En un mundo que se mueve rápidamente y en una industria aún más ágil, uno siempre está en contacto con diferentes audiencias. Para no fallar, debemos aceptar con brazos abiertos la diversidad.

Hoy en día Joan dirige un grupo de más de 20 personas con diferentes nacionalidades, géneros, generaciones, razas, credos. “La gente joven, por ejemplo, está muy acostumbrada al cambio. Ellos son los que nos enseñan a ver las cosas bajo una nueva luz. Estamos tan preocupados con sobresalir y con el prestigio, que la mayoría de nosotros olvida lo importante que es adaptarse. Eso lo aprendemos de los millennials”, señala Joan, convencido de que la flexibilidad de las nuevas generaciones combinada con la experiencia de las mayores es una herramienta muy poderosa.

Le encanta compartir su experiencia en el trabajo con las nuevas generaciones y también desea hacer algo en su vida persona: planea tener hijos pronto. Siempre quiso niños, pero su lucha durante casi diez años contra el cáncer puso esos planes en espera.

Todo el proceso de coexistencia entre estas distintas generaciones está basado en construir y aprender. Mientras que entre la gente joven hay algunos que tienen cierta intolerancia a la frustración, también tienen el coraje para expresarse con más libertad y menos miedo.

Lo que más me sorprende es cuán flexibles pueden ser y cuánto esfuerzo invierten en pensar en nuevas y diferentes maneras de mejorar. Los millennials no tienen miedo al cambio, incluso cuando las cosas funcionan.

Arrastrá el mouse para ver las fotos del antes y el después del muro de Joan.

Hay obviamente ciertos retos a lo largo del camino. Para Joan, lidiar con las expectativas es uno de ellos. En una sociedad que cambia rápidamente la ansiedad es un efecto secundario en lo relativo al progreso de la carrera profesional. Muchas veces se ha dado cuenta de que la gente joven se frustra mucho más fácil cuando empieza con roles simples. Por ejemplo, Joan una vez tuvo en su equipo a una mujer joven que era extremadamente competente y dedicada. Todos estaban encantados con su eficiencia, pero un día se enteró que ella estaba aburrida. Se sentía inútil tras dos semanas en las que su única tarea fue encargarse de un pequeño volumen de trabajo administrativo.

Ese tiempo le pareció a ella como una eternidad. En ese momento me di cuenta del reto que representa motivar a gente joven que tiene esa capacidad de multitasking.

Esta y otras situaciones similares le permitieron descubrir que el diálogo sería su mejor herramienta directiva: “Aprendí a hablar mucho, a recibir y dar retroalimentación regularmente”.

Aprendió mucho a lo largo de su derrotero profesional, pero lo que sobresale es lo crucial que resulta tener una buena comprensión de las interacciones humanas. Entendió la importancia de la comunicación y cómo usarla para que la gente trabaje bien en equipo. Y, ante todo, aprendió a escuchar y aceptar sugerencias. “La gente es feliz cuando sus voces son escuchadas y cuando se la ayuda más a realizar proyectos y construir su camino”, asegura. A pesar de su entrenamiento en ingeniería industrial, dice de broma que hoy funge más bien como el psicólogo de su equipo.

Hoy mira hacia el pasado y toma lo mejor de cada situación: Cada experiencia lo hizo más fuerte y lo motivó tanto a legar todo lo que ha aprendido como a continuar absorbiendo todo lo bueno que ofrecen las relaciones. “Mi enfermedad me obligó a pasar mucho tiempo conmigo mismo y darme cuenta de qué importante es estar con gente que le preste a uno atención. Ese es el secreto. Tengo muchos ahijados y ahijadas y me llevo bien con las generaciones jóvenes. No creo que mi único propósito sea enseñar. Al contrario, hay muchísimo aprendizaje involucrado en ello” dice satisfecho y con la mirada puesta en el futuro.

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