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BUENOS AIRES muro por SEBA CENER

El derecho a ser tú mismo

Cristian Pons

Finance Specialist

A los nueve años Cris Pons se dio cuenta de que no se sentía exactamente igual que sus compañeros de clase. Mientras los chicos volteaban a ver a las chicas, él prefería mirar a los otros chicos. En una ocasión, mientras veía una película junto a un amigo, dos hombres aparecieron en escena. Decidió ignorar lo que sintió. En aquel entonces, en América, un pequeño pueblo de diez mil habitantes en la provincia de Buenos Aires, Argentina, a él todavía le quedaba un largo camino por delante para siquiera escuchar la palabra “homosexualidad”.

Su padre, por cuestiones de trabajo, fue transferido y se mudaron a la capital, a la Ciudad de Buenos Aires. Ahí descubrió que había otras formas de afecto más allá de las que había visto en su ciudad natal. No cambió su comportamiento ni sus sentimientos después de regresar a América, pero esto, lamentablemente, lo llevó a descubrir la existencia del bullying. Sus compañeros de clases le gritaban obscenidades por ser diferente.

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A los trece años empezó a salir con una chica, quien terminó rápidamente la relación y le dijo que no saldría más con él porque era gay.

¡Eso fue como un puñetazo en la cara! Otras personas ya estaban asumiendo cosas sobre mi sexualidad, pero yo no estaba listo aún.

Cuando terminó la preparatoria se mudó a La Plata para ir a la universidad, pero el acoso continuó. En una oportunidad estaba esperando dentro de un auto cuando un grupo de personas jóvenes se detuvieron cerca de él y comenzaron a insultarlo. Eso lo hacía sufrir, pero a esas alturas Cris tenía más que nunca confianza y certeza sobre sí mismo

Durante una de sus poco frecuentes visitas a la casa de su familia, Cris estaba solo en su cuarto cuando su padre entró y le preguntó si podía hacerle una pregunta. Cris se quedó congelado sentado en la cama y asintió. Las palabras que salieron de la boca de su padre fueron las palabras que Cris había temido por casi veinte años: “¿Eres gay?” Cris reunió todas sus fuerzas y tuvo el coraje para confirmar que lo era y su padre comenzó a llorar. Lo abrazó y le aseguró que lo seguiría amando de la misma manera en que siempre lo había hecho. Cris pasó el resto del día fuera de casa para que su padre pudiera compartir la noticia con su mamá. Cuando regresó, un par de horas después, ella tenía los ojos hinchados.

Me dijo que ella lo sabía desde que yo tenía diez. Que le tomaría un poco de tiempo acostumbrarse a la idea, pero que siempre podría contar con ella.

Cris, a los veintiocho años, sintió como si hubiera vuelto a nacer.

La relación que tuvo con su novio durante una década terminó. Cris atribuye la separación turbulenta al hecho que no tenía con quién hablar, ni en quién confiar y eso le hizo guardarse muchos de sus sentimientos. Pero ahora podría compartirlos con aquellos que más amaba y eso lo hizo más fuerte.

Declarar su homosexualidad a su familia fue un proceso largo y doloroso, pero no fue el único. También tenía relaciones de trabajo con las que lidiar. Antes de formar parte de SAP trabajó para una compañía en donde lo mejor era mantener su sexualidad en secreto, ya que no se sentía cómodo con compartir ese aspecto con colegas. Cuando consideró que entre su jefe y él existía la confianza suficiente, decidió decir la verdad. La reacción sobrepasó con creces sus expectativas y se acercó a lo que más temía. Su jefe se levantó y no habló con él por el resto del día. Al día siguiente, cuando Cris le preguntó si había algo de qué hablar, su superior hizo como si nada hubiera pasado y no volvió a tocar el tema. Como muchas otras veces en su vida, Cris se sintió invisible.

Hoy tiene 33 años y todo ha cambiado. Ha estado saliendo con Alan por los últimos cuatro años (sus padres lo conocen y lo tratan como parte de la familia). Viven juntos y tiene a un terrier Jack Russell llamado Jagger.

En SAP, nunca más sin visibilidad, Cris puede sentarse enfrente de su laptop y ver la bandera de arcoíris en su escritorio. Está muy orgulloso de trabajar para una compañía que genuinamente apoya y valora la autenticidad. Cris es voluntario de Pride@SAP, la red de empleados LGBT de SAP, y continuamente participa en actividades que ayudan a incrementar el reconocimiento y compromiso con temas relacionados a LGBT en el lugar de trabajo. “Finalmente pude dejar de mentirme a mí mismo y ocultar mi identidad. Ahora me puedo relajar, estar tranquilo y celebrar la diversidad mientras contribuyo al trabajo. Todo es exactamente como debería ser”, resume.

Dirección del grafiti: Calle Matienzo, 3059 | Buenos Aires, Argentina