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SÃO LEOPOLDO muro por SAMUEL FREIRIA

El placer y dolor de ser quien eres

P.M. - LGBT

P.M. no se sintió bien por mucho tiempo, pero no podía identificar por qué. Había estado trabajando mucho, así que pensó que el estrés era responsable de los sentimientos confusos que no podía explicar.

Sentí que algo estaba mal conmigo.

Decidió buscar la ayuda de un psicólogo y le diagnosticó depresión. Sin embargo, ese sentimiento de algo inadecuado parecía ir más allá.

Cada vez que alguien mencionaba en el trabajo la palabra “transgénero”, aún no podía comprender del todo qué significaba. Después de todo, ella “nació como hombre”, le gustaban las mujeres y la sociedad decía que todo eso estaba bien. ¿Cómo era posible que no se identificara con el género masculino? Fue una avalancha de preguntas.

En esa época, por el 2009, P.M. cambió de trabajo y se incorporó en SAP. Todavía cuando seguía en búsqueda de algo que la ayudara a ordenar la confusión que sentía, se acercó a una mujer, la primera empleada transgénero de la empresa en las oficinas de Alemania. Necesitaba hablar, comprender lo que estaba experimentando.

Así es como se enteró de Pride@SAP, una red de empleados que discute la diversidad e inclusión LGBT en el lugar de trabajo y, a través de ellos, aprendió mucho sobre la transición de género.

Eso fue realmente alentador, pero una vez que tuve toda la información, me di cuenta de que aún no estaba lista para la transición. Era mucho que digerir. Todo esto fue también un shock para mí.

Recursos Humanos en SAP también tomó todas las medidas necesarias para garantizar que las cosas para P.M. fueran tan simples como fuera posible. Por esa época su psicólogo incluso fue a juntas con el equipo de P.M. para explicar qué era la identidad de género y cómo funcionaban las transiciones. La primera etapa estaba completa, pero en ese momento llegó la parte más difícil: anunciar su decisión a su familia.

Una de las primeras personas que supo fue su exesposa y madre de su hijo. La segunda persona en enterarse fue su hijo que tenía ocho años en ese momento. “Intenté que sonara tan simple como fuera posible. Le conté que mi doctor había dicho que yo era una mujer por dentro y que yo quería verme como una mujer por fuera”, explica. En aquel entonces, él no tuvo muchas preguntar, pero después de un tiempo se preocupó y decidió consultar lo que más le importaba a él: “Entonces vas a ser una mujer, pero ¿todavía me vas a querer?”. La respuesta, que era obvia, lo tranquilizó, y después no hubo más preocupaciones.

Con el resto de la familia fue un poco más complicado. Primero lo contó a sus hermanas y después a sus padres. Incluso preparó unas diapositivas. Su padre se quedó sin palabras y no quiso hablar al respecto con nadie. Una de sus hermanas decidió intervenir y, de esa forma, la familia comenzó a ir junta a terapia, lo cual ayudó a todos a adaptarse. “De alguna manera todos hicieron la transición conmigo”, dice.

Una vez que sus colegas y familia estaba enterados comenzó la transición, que todavía continúa. Empezó a tomar hormonas y se sometió a varias cirugías durante nueve meses. Después se sometió a la cirugía de reasignación de género en Tailandia. El siguiente paso fue cambiar su nombre en todos sus documentos.

Además de todos los procedimientos clínicos y quirúrgicos y de organizar sus sentimientos, también tenía que lidiar con las reacciones de otras personas. Regresar al trabajo fue difícil. No podía controlar su ansiedad el primer día de vuelta en la oficina. Cuando llegó se sentó en el primer escritorio vacío que encontró y se quedó ahí toda la jornada. Durante los siguientes días sus colegas comenzaron a acercarse a ella y a hacerla sentirse más tranquila.

Entonces llegó la primera visita de un cliente, una nueva prueba. Su corazón latía tan fuerte que parecía salirse de su pecho. En ese entonces los nuevos documentos de P.M. no estaban listos aún y su identificación tenía su antiguo nombre. Su primer reto fue identificarse en la recepción. Junto con su credencial, tenía una carta firmada por SAP que explicaba su transición, su cambio de nombre y todo el contexto. Luego de esta primera barrera decidió no decir nada y enfocarse en su trabajo y en las reuniones a las que tenía que asistir. Ni siquiera quería levantarse para ir al baño. Sin embargo, durante la comida fue con dos empleadas de la empresa al baño. Una de ellas estaba embarazada y empezó a hablar de niños, de gestación, de la licencia por maternidad y otras cosas sobre las que P.M., nueva en el universo femenino, no tenía idea. Sintió que tenía compartir con ellas que estaba pasando por una transición y les mostró lo nerviosa que estaba por todo lo que estaba sucediendo en su vida. Fueron abiertas y la hicieron sentir más cómoda.

Muchas situaciones similares fueron ocurriendo y P.M. tuvo que aprender lentamente cómo manejar estas interacciones. Las transiciones toman mucho más tiempo de lo que tú crees. No terminan tras la terapia hormonal y las cirugías.

Al principio estaba muy insegura. Todo es diferente: uno se encuentra hablando de nuevos temas, viviendo algo completamente nuevo en un mundo totalmente nuevo. Para ser honesta, no me sentía con mucha confianza hasta hace poco

A pesar de hoy en día lidiar con ello con más facilidad, a P.M. no le gusta hablar al respecto. Incluso cuando hoy hay mucha más información al alcance de la mano, todavía hay muchas personas que lo consideran extraño. “La identidad de género es una cuestión personal y yo tengo el derecho a decidir con quién voy a compartirla”, afirma.

Además de tener que adaptarse a su nueva imagen corporal y sentimientos, también tuvo que acostumbrarse a factores externos, tales como el sexismo, que ahora experimenta de primera mano, y la transfobia. La parte más delicada de esta experiencia, en la cual todavía se considera en transición, son las relaciones románticas. Ahí es donde vio prejuicios más arraigados.

La gente siempre dice que no tiene prejuicios, pero cuando le preguntas si saldrían con alguien que es transgénero, la respuesta es no.

Muchas de sus relaciones terminaron en el momento en que dijo que era transexual. “Siento que las mujeres transgénero entran en una de estas dos categorías: O son descartadas o sexualizadas”.

Miedo es otra de las razones por las que no le gusta hablar al respecto. Al hecho de que ella misma ha sido víctima de la transfobia hay que sumarle los datos para justificar este miedo: Brasil es el país en donde más personas transgénero son asesinadas en el mundo. En 2016 hubo 144 muertes según el sondeo de Rede Trans Brasil. Además, los cálculos del Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) del 2013 indicaron que la expectativa de vida para la comunidad transgénero es alrededor de 35 años, menos de la mitad del promedio nacional para la población general.

Esta dura realidad que mucho están obligados a afrontar llevó a P.M. a descubrir que su misión en la vida es instruir a la gente sobre lo que es la comunidad transgénero. Por consiguiente, siempre que tiene la oportunidad visita otras empresas para discutir la identidad de género. Para ella, mientras más información tenga la gente, más cerca estamos de construir un mundo que respete la diversidad, el dolor y la alegría de los otros. Comenzó esta transformación con aquellos que eran más cercanos a ella. Su padre, quien en un momento se quedó sin palabras durante el valeroso anuncio de su hija, ahora puede poner en palabras el orgullo que siente.

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